Elsa López, nacida en Guinea Ecuatorial en 1943, es una eminencia de las letras canarias. Es Catedrática y Doctora Cum Laude en Filosofía, pertenece a la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, ha sido presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, fundadora y directora de Ediciones La Palma, y directora de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, entre otras. Investigadora, docente, guionista, editora y escritora, Elsa López es mundialmente reconocida por su poesía. Ha sido conmemorada con el puesto de Embajadora de Buena Voluntad de la Reserva de La Biosfera Isla de La Palma ante la UNESCO, y ha recibido innumerables premios como el Emilio Castelar 2019, el I Premio de Investigación José Pérez Vidal (1993) o Premio Canarias 2022 de Literatura.
El centro de su producción literaria se compone por una quincena de poemarios que, desde 1973, año en que publica El viento y las adelfas, constituye una de las trayectorias poéticas más sólidas, con proyección nacional e internacional, con títulos como Del amor imperfecto (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, 1987), La Fajana Oscura (Premio Internacional de Poesía Rosa de Damasco, 1989) y Mar de amores (XII Premio Nacional de Poesía José Hierro, 2001). También ha publicado tres novelas: El corazón de los pájaros, publicada en 2001 tras ser una de las diez obras seleccionadas para el Premio Planeta; Las brujas de la isla del viento (2006) y Una gasa delante de mis ojos (2011). Completan su trayectoria narrativa las monografías Diego Hidalgo. Memoria de un tiempo difícil (1986) y José Pérez Vidal: entrevistas sobre su vida (junto a Antonio Cea y con prólogo de Julio Caro Baroja, 1987).
Su trayectoria personal se encuentra marcada por enormes logros. Siendo investigadora, docente, guionista, editora y escritora, ha tenido la oportunidad de dar voz a sus pensamientos y poner en palabras sus emociones. ¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Cuál ha sido su inspiración?
Desde que era muy joven, creo que estaba todavía en el bachillerato, ya levantaba la voz. Hablamos de finales de los 50. Cuando llego a la universidad lo único que hago es continuar eso que llevo dentro y que hago desde que soy adolescente; siempre fui una niña y una adolescente protestona. De alguna manera, quizás la educación de mi madre tuvo que ver. Era una mujer muy beligerante en muchos aspectos. Políticamente tenía las ideas claras, bueno, todo lo claras que las puede tener alguien de 17 años. Pero ya hacia defensa de lo que me parecía que no era justo, lo que yo entendía por la libertad de los demás y de lo que yo entendía que era respecto al tema de las mujeres. También me ayudó el colegio al que fui, tras ser expulsada de los dos colegios de monjas donde estuve interna. Acabé estando en un colegio de librepensadores en Madrid. Yo tuve voz y voto. Ahí fue donde tomé las riendas de mi espíritu crítico. Ese fue un poco el inicio de mi carácter.
Es Catedrática y Doctora Cum Laude en Filosofía. ¿Ha tenido alguna dificultad a lo largo de su carrera? ¿Cómo ha influido en su lucha política?
En la carrera no he tenido dificultades. Gracias a que estudié Filosofía se me permitió opinar. Excepto políticamente, en los años 60, en los que acabé en una manifestación con Tierno Galván, García Calvo, etc… éramos un grupo que contestaba y se manifestaba y que era perfecto para mis ansias de libertad. Las mujeres éramos respetadas y temidas, y de alguna manera todo eso fue muy útil para mí. Que mis compañeros de lucha política y de carrera estuvieran a nuestro lado y estuvieran con nosotras, eso me ayudó a seguir en la lucha política. No solo contra la dictadura, sino la lucha política como mujer intentando que pudiéramos estar en primera línea.
Su profesora de Lengua, otra mujer, le hizo ver que tenía futuro en el mundo de la literatura. Usted como docente, ¿cree que se ha convertido en un referente para otras mujeres y niñas?
Bueno, tengo que decirlo con absoluta vanidad, sí. Porque me llegan a través de Internet gente que ha sido alumna mía en el año 70 y me dice: Elsa, aquello que me dijiste aquel día en clase, aquella clase que diste, aquello que dijiste en el año 76, en el año 82… todo eso ha hecho que yo hoy día sea lo que quiero ser, Esa es la clave.
Cuando voy a los institutos y estoy con adolescentes es lo que más me gusta del mundo, más que dar recitales o conferencias. Primero, porque rememoro mis años en la enseñanza, y segundo, porque todavía les hablo con pasión, les transmito las ganas de que hagan en la vida lo que desean hacer, ves su reacción y les explicas que sí, que tampoco es tan difícil decir que no, o negarte a algo. Entonces ves que estás recogiendo lo que has sembrado y eso es maravilloso.
Habla de sus ideales con mucha pasión, y se nota el cariño y la pasión al hablar
Claro, hablo como siento. Hablo lo que tengo dentro. Es mi pasión por la enseñanza, mi pasión por defender la libertad, porque las mujeres se construyan a sí mismas y salgan adelante, y los hombres, porque yo soy de las que creen que tenemos que ir de la mano.
El feminismo defiende sus valores frente a una sociedad que está en constante cambio. Una herramienta importante para ello es el lenguaje. ¿Considera que el lenguaje no sexista es una realidad alcanzable?
Es una realidad alcanzable.Pero que se ponga el lenguaje como meta para hacer que el mundo sea igual entre hombres y mujeres no es del todo cierto. El lenguaje es otra arma más, pero hay otras armas que hay que defender, no podemos ir con el lenguaje como bandera porque eso al final no funciona. Hay que trabajar en la enseñanza, en la educación, pero no cambiándoles el lenguaje solamente. No porque digamos “las, los, les” se va a cambiar la actitud de los hombres. No me canso de decirlo. Si no cambiamos el espíritu crítico, si no cambiamos la forma de ver, el lenguaje no sirve para nada. Porque alguien me hable en femenino, no quiere decir que piense que yo soy igual que él. A mí un hombre se me acerca y me dice “las” o “nosotras”, y a continuación me ofende con una mirada o me ofende con un gesto, o me ofende con su actitud machista, no me sirve de nada que me hable en femenino.
La literatura, al igual que en otros ámbitos ha sido un mundo principalmente dominado por hombres a lo largo de la historia. ¿Cree que esa preponderancia ha podido cambiar en los últimos años?
Sí lo creo. Yo creo que la lucha ha dado ciertos resultados, no el 100%, pero sí que hay un 50% de ventaja en este momento. Por ejemplo, en los jurados literarios es casi obligado que haya una paridad. Seguimos viendo fotos donde solo aparecen hombres con sus trajes grises y sus corbatas, pero de hecho en el mundo de la literatura se ha conseguido mucho. Se han reeditado libros de mujeres que estaban olvidadas o perdidas y se han dado pasos muy grandes.
Por ejemplo, ahora mismo, en Canarias, se está haciendo una labor de verdad impresionante para recuperar voces de mujeres, de editar a mujeres, desde organismos donde la costumbre era editar nada más que a hombres. Hay mujeres en la universidad en este momento que están luchando por imponer un canon, igual que hay hombres que están (por ejemplo, en el Gobierno Canario en Cultura) haciendo una grandísima labor en ese aspecto. Yo pienso que eso es importante y hay que tenerlo en cuenta cuando hacemos una valoración. Insisto, no hemos llegado al 100%, pero ese 50% que esperábamos alcanzar, vamos consiguiéndolo poco a poco.
¿Y se le ocurre alguna manera de propiciar ese cambio para luchar sobre todo contra el techo de cristal?
Bueno, ideas hay muchas. Levantar la voz es importante, las manifestaciones, el grito es necesario… pero las obras, la labor cotidiana del día a día, que en las programaciones de las instituciones cada vez haya más actividades donde la mujer está presente. Visibilizar las pequeñas cosas cotidianas es importantísimo. Eso es lo que genera culturalmente los movimientos y el conocimiento. La clave de todo está en la educación, y no me refiero solo a las clases, los colegios, la universidad; hablo de educación de verdad enseñando a la gente que está pasando y qué ha pasado.
¿Y cómo combatimos el todavía persistente techo de cristal?
Hace poco en un congreso se reunieron más de 90 mujeres del mundo de la enseñanza. Quien organizaba, coordinaba y grababa era un hombre. Me hizo tanta gracia que lo dije en alto. Pero la realidad es así, tú tienes una empresa con montones de mujeres extraordinarias trabajando y de repente aparece en la foto un señor. ¿Quién es este señor? Si aquí hay 300 mujeres trabajando, de las cuales 10 tienen todas las cualidades para dirigir la empresa, ¿por qué no dirigen ellas? Ese es el techo al que nos referimos. ¿Cómo romperlo? Pues mira, es muy difícil, pero está el camino de la educación.
Aquí voy a ser un poco pesimista, pero hay un momento en que somos nosotras las mujeres las que cedemos el paso, por razones diversas. Si echamos mano de la antropología, vemos que las mujeres llegamos a un punto en el que perdemos la ambición. No por naturaleza, sino por cultura. Nos gusta hacer las cosas bien, pero gobernar no tiene sentido si lo que nos gusta es hacer y distribuir (alimento, paz, justicia) ¿Romper un techo de cristal para convertirme en qué? ¿En una Margaret Tacher? No gracias. No me interesa que una mujer gobierne en un banco para que se comporte como un hombre. No quiero que lo rompas para que me explotes como trabajadora y sigas una dirección machista, hay que romperlo para hacer cosas distintas. Ese es el problema de por qué las mujeres no rompen los techos de cristal, porque no les gusta la ambición de los hombres ni gobernar como ellos.
Es cierto que a veces ni siquiera te dejan llegar. Pero entonces ¿dónde está la clave? En que tenemos que imponernos por la fuerza, aunque sea la fuerza de la palabra y el conocimiento, y la voluntad. No tengo miedo, no hay que tener miedo. Con 25 años se tiene mucho más miedo que con 50, porque los años te hacen fuerte. Pero nunca hay que tener miedo a que te rechacen un proyecto, vuelves a presentar otro y a defenderlo.
En su trayectoria ha sido la primera mujer en ganar certámenes literarios como el de Poesía de Ciudad de Melilla ¿Cree que los premios siguen estando copados por los hombres? ¿Por qué?
No sé si he sido la única en ganar esos premios, pero sí sé que los premios literarios que he visto son pocas mujeres las que los han ganado. ¿Por qué se da esta situación cuando hay plicas y no sabes quién se presenta? Pues, probablemente porque los lectores o jurados o los que hacen las selecciones son hombres. Creo que la literatura escrita por mujeres es diferente, sí, yo creo que sí pueden distinguirlo, aunque no se vean sus nombres. Es lógico que la literatura escrita por hombres les parezca más atractiva o que defina un poco más su idea de lo que es la vida, el amor, el universo, etc.
¿Entonces qué hacemos para eliminar esta brecha?
Desde el momento en que hay una misma paridad entre el jurado, ellas pueden entender que hay una mujer ahí presente, y que esa mujer y que ese texto destila inteligencia personal; un sentimiento o un estilo, algo que ellas defienden. He sido jurado muchas veces y yo noto cuando hay una mujer detrás de un libro, aunque venga con plica, ya sea porque están en femenino o por lo que me cuenta y lo que expresa.
Estamos en la era de las tecnologías y de la digitalización, por lo que ahora tenemos mayor acceso a todo tipo de contenido, entre ellos, libros. ¿Qué está ocurriendo con la lectura, que cada vez convoca menos a las personas jóvenes? ¿Debemos poner esto en relación con la progresiva digitalización de los entornos?
No creo que sea culpa de la tecnología, sino de la falta de interés. Hay libros que no les interesan en absoluto, pero si tú vas a una feria de libros y ves una cola de 3 km de gente joven como hago yo, me pongo en la cola y pregunto qué estáis leyendo. De la misma manera que les gusta Crepúsculo, para ponerte un ejemplo, o les gustan algunas series, agotan enseguida libros que les interesan y devoran series de varios tomos.
Entonces no es que no quieran leer, es que lo que les estamos ofreciendo les aburre, pero cuando aciertas con un libro, los jóvenes leen. Hay que cambiar el chip.
Por ejemplo, hay una opinión muy común de que la poesía no gusta a los jóvenes, es mentira. Yo voy a los institutos y les leo los poemas a los chavales, y les encantan los de amor. ¿Cuál es la cuestión? ¿que no oyen a Beethoven? No, pero a lo mejor resulta que hay una canción que tiene un mensaje tan importante como los mensajes que mandaba Juan Manuel Serrat. Y luego los medios de difusión cambian. No podemos tener la mente tan cerrada, siempre se dice que el pasado era mejor, pero eso no es cierto, hay aspectos del pasado que eran horribles y que han mejorado. En aquella época te violaban lo mismo que ahora. No te pinchaban porque no eran tan sofisticados, pero te encontraban en la calle o en un callejón y te violaban, aunque tuvieras 8 años. El pasado no es mejor que el presente, hay aspectos mejorados y mejorables en comparación, pero tenemos que adaptarnos a lo que vaya llegando.
En muchas ocasiones habla sobre la dictadura de la mente, de cómo se nos condiciona a pensar y actuar de cierta manera. ¿Cree que la literatura y el arte son vías de escape para mantener nuestra libertad?
O todo lo contrario, es que la literatura y el arte también pueden ser elementos dictatoriales. Es decir, que te obliguen a pensar de una manera. El arte te obliga a mirar de una manera y a veces ejercen una dictadura brutal, es decir, si no entiendes de esto es porque “eres tonta o porque no tienes conocimientos o porque vives en la Edad Media”. En literatura pasa lo mismo, las editoriales hacen lo que les da la gana, y te dicen lo que se lleva en este momento, te lo imponen. Eso es una dictadura. ¿dónde está la libertad? En la elección, en la educación, en que no te quiten la filosofía para que tú estudies y aprendas a discernir, a elegir, a tener criterio propio. Educación para que no te den gato por liebre ni en el arte ni en nada, que no dominen tu pensamiento, que tu pensamiento solo lo domines tú.
En sus obras uno de los temas principales es el amor, ¿Qué características debería tener una relación para que se considere sana? ¿Qué recomendaciones les daría a los jóvenes sobre cómo deberían ser las relaciones sanas?
Bueno pues que te haga reír todo el día. Que te haga feliz. El amor es risa, armonía, conocimiento, amistad, bienestar. Cuando el amor te hace sufrir, llorar, te masacra, te humilla, te hace vivir en un estado de tensión, eso no es amor. Yo creo en el amor cuando te engrandece y te deja ser libre, te deja ser tú misma. Todo lo demás es mentira.
Amor no es sexo, eso es otra cosa. El amor es estar juntos, charlar, ver una película, sentaros en silencio un rato. Hay que distinguir entre amor, querer y desear, son tres cosas distinta.
Hay relaciones que son enfermizas, tú no puedes tener una novia y pensar que, porque ella llore, o porque tú le grites, o porque tú le levantes la mano, eso te demuestra que la estás queriendo. Eso es agravio, insulto y humillación. Y lo mismo a la inversa, intentar darle celos y hacerle sufrir por gusto, no es amor. Eso se lo digo a los adolescentes, y claro que lo entienden.
¿Qué les recomendaría a las mujeres y niñas que se quieran dedicar a la literatura?
Que lean. Que empiecen por tebeos, que sigan con cuentos y pasen a novelas, me da igual si son de amor o del Oeste. Que lean lo que les dé la gana, pero que lean hasta caer rendidas. Y luego escriban, porque escribir es muy fácil. Vivir de la escritura es mucho más complicado, necesitas más que talento, mucho más. Más del noventa por ciento de las personas que escriben no viven de la literatura, escriben porque les gusta y les produce placer, porque eso es parte de su mundo. Es como el que compone música, no les preguntes por qué, simplemente les apetece. Yo recomiendo que escriban, arruguen, tachen y vuelvan a escribir, porque eso es lo importante. Y por supuesto, que no tengan miedo a decir lo que sienten.